Una paradoja entre el bienestar percibido y el problema de salud mental que enfrenta el país.
En el marco del Día Internacional de la Felicidad, que se conmemora cada 20 de marzo, un informe de la Organización de las Naciones Unidas posiciona a Uruguay en el lugar 31 a nivel mundial en el ranking de felicidad. Se trata del mejor ubicado en Sudamérica y el tercero en América Latina, solo por detrás de Costa Rica (4°) y México (12°).
A nivel global, Finlandia fue elegido como el país más feliz del mundo por segundo año consecutivo.
El índice de la felicidad, que se construye a partir de un promedio de tres años, analiza seis factores clave: el PIB per cápita, la expectativa de vida saludable, el apoyo social, la libertad para tomar decisiones de vida, la generosidad y la percepción de corrupción.
Sin embargo, estos datos contrastan con otra realidad preocupante. Según la Organización Mundial de la Salud, Uruguay presenta la tasa de suicidios más alta de América Latina, con 24,8 muertes cada 100.000 habitantes, triplicando el promedio continental.
En el otro extremo se encuentra Perú, que registra la tasa más baja de la región, con 1,5 casos cada 100.000 habitantes.
El segundo lugar es ocupado por Cuba, con un índice de 13,8 suicidios cada 100.000 habitantes, mientras que Venezuela se ubica tercero, con 8,6.
Esta marcada diferencia expone una compleja paradoja entre los niveles de bienestar percibido y los desafíos en materia de salud mental que enfrenta el país.




